lunes, noviembre 23, 2015

Estupor y temblores/ Amélie Nothomb







DOSSIER


"El señor Haneda era el superior del señor Omochi, que era el superior del señor Saito, que era el superior de la señorita Mori, que era mi superiora. Y yo no era la superiora de nadie"


miércoles, octubre 07, 2015

Me llamo Rojo/ Orhan Pamuk

"Ahora estoy muerto, soy un cadáver en el fondo de un pozo. Hace mucho que exhalé mi último suspiro y que mi corazón se detuvo pero, exceptuando el miserable de mi asesino, nadie sabe lo que me ha ocurrido..."

martes, marzo 24, 2015

La noche más oscura / Paulette Peyronnet Lamigeon

Escrito en forma de monólogo interior, con unidad de lugar (interior de un coche), de tiempo (algunas horas entre la caída de la noche y el amanecer) y de acción (porque si bien aparecen muchos personajes, cada cual descrito realizando sus actividades variadas en distintos momentos, lo único que ocurre “de verdad” es que un hombre, Rubén,  triste porque su hermano pequeño acaba de morir, piensa). Desarrolla un monólogo interior en el que hace un repaso de su vida y de los personajes que la compartieron de alguna forma. Van apareciendo y me recuerdan las muñecas rusas - una dentro de la otra, así sucesivamente - Esta forma  obsesiva, repetitiva, crítica (el autor es crítico literario- vive sólo con 2 perros en un pueblito aislado) sin un resquicio de luz o de amor, sin esperanza, con un uso genial de las palabras, atrapa el lector en una espiral de desencanto, de tristeza, de asco, de cinismo. Es como una tragedia sin posibilidad de redención.

Rubén no ha tenido amor en su vida, ni el amor de su madre, ni el de su mujer, ni el de su hermano, ni el de su hija, ni el de su segunda mujer. Tampoco tuvo ayuda económica por parte de su madre y ha salido adelante de la única manera que él sabía: buscar el dinero, el poder, el respeto, ya que no el amor, como sea. Darles todo lo que él es capaz de dar a cambio de nada. Detrás de todas sus cavilaciones, está la sombra de los caballos, abiertos para sacar la droga, muertos, quemados, cuyos cadáveres vuelven a aparecer una y otra vez. Aparecen los personajes que han compartido sus maniobras y su vida (mafiosos rusos, prostitutas, su familia y sus propias reflexiones, en el mismo estilo de monólogo despiadado, sin luz y sin amor). Es como una determinación de sólo ver lo negativo, de utilizar un lenguaje muy bello a veces, sólo para envolvernos en esa noche, esa soledad sin esperanza. Incluso el embarazo de Mónica, su segunda mujer, que podría significar por fin amor y alegría no es sino el anuncio de la toma de poder por parte de una mujer que le admira y desea pero que no le ama.

Un símbolo de esta determinación, de esa decisión, es su mención, con respecto a su mujer enferma, que busca ayuda en la religión, a Kempis (místico del siglo XIV/XV que escribió una “Imitación de Cristo) del que dice que no fue declarado santo por la iglesia por una determinada razón (horrible por cierto). Y sí, fue declarado “santo” por la iglesia anglicana. ¿Por qué no contar la historia completa? Y su mención del “Retablo de Isenheim” en la que habla del Cristo monstruoso., en la tabla central. Da la casualidad que yo conozco este retablo, lo he visto en Colmar. Y hay otro Cristo, resucitado, que aparece al cerrar el tríptico, un Cristo con un cuerpo de luz cegadora. El autor menciona el Cristo que comparte los sufrimientos de los hombres pero no el que los invita a compartir su gloria. No hablo de religión, sino del mensaje que pretende transmitir el retablo. ¿Por qué no contar la historia completa? No le interesa al autor.
La estampa final, ya fuera del monólogo, confirma toda la desolación, la noche interior en la que nos quiere atrapar, y lo logra, el autor.

Creo que es una obra maestra, pero yo, personalmente, me niego a volver a leer un libro de estas características. Necesito luz, que también la hay.


Crematorio / Rafael Chirbes.-- Barcelona : Anagrama, 2007.
451 p., [1] h. ; 22 cm.-- (Narrativas hispánicas ; 418)

Ilustración: 
Hannah Höch




lunes, marzo 16, 2015

El día y la noche. La luz y la sombra / Fidelina Saavedra López

    El día y la noche. La luz y la sombra.

 Alegrías y preocupaciones o tristezas; de todo eso construimos nuestra vida. Siempre vamos buscando soluciones o respuestas a las incógnitas que las circunstancias de cada día nos plantean. La adolescencia es una etapa posterior a la infancia en la que ya no se espera de los demás la respuesta al "porqué".

 Cada adolescente se pregunta una gran cuestión: ¿Por qué todo es de una determinada manera? ¿Para qué se hace esto o aquello de determinada forma? Se siente diferente, original y quiere encontrar la respuesta por sí mismo/a. Algunos se encierran en sí mismos, como Martina; otros salen fuera de sí buscando, preguntando, observando, descubriendo,... Se paran a mirar, a escuchar, a reflexionar sobre lo que oyen y van configurando su respuesta al "quién soy yo", "para qué estoy aquí".

 Y nos hacemos adultos y aún no tenemos la respuesta definitiva porque pocos llegan a conocer desde su interior quiénes son y cómo quieren que sea su vida, y lo intentan. La mayoría nos dejamos arrastrar por el devenir sin actuar de forma plena para dar respuesta efectiva a los deseos más profundos de nuestro ser.

 Martina sentía un vacío interior. Necesitaba confiar, abrirse, comunicarse, escuchar, decidir.

 Los golpes fuertes nos sacuden. Cuando ella descubre que su padre está en paro y ya no quiere seguir luchando para conseguir un puesto de trabajo, cuando su hermano le dice que ha tenido un accidente de tráfico y está metido en un lío. 
 "Ser adulto es estar parando balones todo el rato". Ser adulto es tener actitud.
 El adolescente aún no tiene actitud. Es en la adolescencia cuando se empieza a aprender a tener actitud.
 Martina deseaba un lugar donde estar con otros jóvenes sin que fuera necesario hablar sino estar, hacerse presente, ser reconocida. Esto me recuerda, en los años 70, los clubes parroquiales. Eran eso, un lugar, un salón donde los jóvenes podían ir, estar, hacer amigos, mirar, escuchar. No se les pedía ningún documento de identidad sino que se tenía una actitud de acogida.

 Martina dejó de centrar su pensamiento en sí misma cuando se dio cuenta que las personas que ella quería necesitaban su apoyo. Siempre es la solidaridad, el amor en sus distintas maneras de expresión lo que transforma la vida de las personas.

«Dormía y soñaba que la vida no era más que alegría. Me desperté y vi que la vida no era más que servir… Serví y encontré la alegría». (Rabindranath Tagore)

 Cuando los jóvenes se disponen a ser generosos, lo son sin condiciones. Tienen una energía especial cuando se empeñan en hacer un mundo más justo, más humano, más solidario.

 Para cada persona su proyecto, su ilusión, su aportación, es importante.

 El proyecto de Martina era muy significativo para ella y por eso pone todo su empeño hasta conseguirlo. A otros les puede parecer una chiquillada.

 ¿Consiguió lo que pretendía, los locales para jóvenes? No importa. Lo importante es que ella se atrevió a realizar aquello que ella deseaba. Todo lo demás: los problemas económicos de sus padres, el problema del accidente de su hermano, la salud del atropellado, deja de estar en este escenario.

 Martina ha pasado del egocentrismo a la acción transformadora.

Fidelina Saavedra López, es maestra jubilada y  miembro del Club de Lectura Liber


Deseo de ser punk / Belén Gopegui.-- 2ª ed. en "Compactos".-- Barcelona : Anagrama, 2011.
187 p. ; 21 cm.-- (Compactos ; 550)



Vestido de novia / Pierre Lemaitre









DOSSIER




viernes, marzo 13, 2015

Señores del jurado / Carlos Bonino

Señores del jurado: lo que hasta ahora no ha sabido entenderse es que Lolita, la novela, justo al contrario del criterio de muchos, significa precisamente una inversión del mito de Pigmalión. Ése es su mérito mayor y la razón de su originalidad. Jamás es Humbert quien lleva la batuta en esa relación extraña, obsesiva y por momentos torpe entre la niña y el hombre. Dolores Haze marca el paso. Humbert sólo se deja arrastrar por el objeto de su deseo, es a todos los efectos nada más que un pelele, muñeco triste, incapaz de liberarse, enquistado en el recuerdo de aquella otra Annabel a la que conoció de niño. Su evolución a lo largo de la novela es la propia de quien se presenta jubiloso a su propio sacrificio. Porque, no hay que dudarlo, desde el principio Humbert es consciente de que la niña será su perdición. Toda su escapada es sólo una farsa triste, una prórroga de amor hasta el inevitable desenlace. ¿Hablamos de amor? Sin duda. Amor y juego. Farsa, tragicomedia. La niña juega a conocerse poniendo a prueba los límites del hombre, y éste...bueno, sucumbe al tratar de purgar su herida más profunda, aunque hasta cierto punto logre redimirse asesinando a Quilty para vengar a Dolores (por cierto, ¿alguien puede pasar por alto la similitud fonética entre Quilty y Guilty- “culpable”, en inglés, idioma original de la novela-?).

 Desde cierto punto de vista no hay nada misterioso, nada sorprendente en la obra. La trama es sólo una excusa para la justificación y desarrollo de una sola idea: el poder cautivador de la juventud, su doloroso contraste con la madurez, y su poder extraordinario en ciertas circunstancias. ¿Recuerda esto a Witold Gombrowicz? Desde luego. Lolita es la versión erótica, explícita, de Ferdydurke. Su clave es la misma. De nuevo la juventud, la terneza, el encanto seduciendo al hombre de mediana edad, al adulto a la deriva. Lolita representa la promesa original, y es en ese sentido que conecta y desarrolla un arquetipo que ha consolidado y dura hasta nuestros días.

 Pero Nabokov se presta a juegos todavía más perversos que aquellos que vislumbran sus críticos más severos. Basta reparar en ello: como si quisiera ir un paso más allá, el autor no sólo presenta literariamente una relación reprobable por sus connotaciones pederastas, sino que obliga a Humbert a casarse con la madre de la niña.¿Qué tenemos entonces? ¡Incesto! Pero espera un momento. ¿Cuándo comienzan los encuentros más o menos taimados, más o menos discretos entre el padre y la hija? Al poco de iniciado el matrimonio, a espaldas de la madre. Sumemos entonces “adulterio” a la lista de abominaciones calculada a conciencia por Nabokov. Toda una mina para los lectores más puritanos. Pederastia, adulterio e incesto, de un plumazo y sin despeinarse. Lo extraño es que la novela haya sobrevivido.

 Salud, Lolita. Y bendita seas.

Carlos Bonino, es escritor.


Lolita / Vladimir Nabokov ; traducción de Francesc Roca.-- 12ª ed.-- Barcelona : Anagrama, 2012.389 p. ; 20 cm.-- (Compactos ; 34)

jueves, marzo 12, 2015

Hasta que la muerte nos separe / Luz María Cabrales Llach

Bueno, vamos allá con Sophie Duguet y su experiencia surrealista en la ciudad de la cuna de este arte, que busca en el inconsciente para conocerse mejor. Estamos en París aunque hay que buscar en Google.
La primera referencia es Saint Elizabeth, luego Chilly Mazarin; ubicada en el bohemio barrio del Marais la primera, y la segunda, que además de ser  el lugar      donde dice ella que ha retirado a sus padres, lo
encontramos en sur, en el distrito de palacete, tal vez por su relativa cercanía a Versalles.
Tengo que decir en este momento que nada en la historia me recuerda a la ciudad luz. Sólo una persona que conociera bien estos parajes, sabría en dónde está ubicado. Por lo menos en el planteamiento de la historia, luego hay pocas descripciones del entorno, que no se refieran a la atmósfera subjetiva calificando los lugares como tristes o asfixiantes.
La lectura me colocó en un espacio parecido a lo que debe ser un mal viaje de ácido lisérgico, incluso en el que suponemos que puede vivir una persona que se haya presa de una paranoia o una fobia. Tal sentimiento se inclina hacia los niños  o hacia las personas en general.
En la página veinte, -lo digo por que tome nota, cuando ella tiró su pasado por la alcantarilla, también yo, debido a una sensación muy parecida a  a la ansiedad-, cerré el libro y lo dejé para un mejor momento. Luego, cuando continué, mi experiencia se tradujo, en un vano intento de ser independiente a los acontecimientos. Desasosiego sí tiene; el escritor consiguió con su cuidada escritura, -en las que incluye cambios de punto de vista narrativo y situaciones maníaco-depresivas-, que uno continuara leyendo lo que ocurre. Los hechos descritos pueden situar a la historia  como género de comedia ácida. Me vi dirigida hacia el abismo con la protagonista viendo efectivamente que “cuerpos del delito” sí teníamos. Motivos para asesinatos no encontré, sólo supongo que la protagonista se encontraba colocada o drogada,  no sabía quién era ella sólo, lo que su oscuro espejo reflejó.

La historia me recordó a una película llamada Niágara (o Niágara Falls) en la que Marilyn Monroe con Joseph Cotten, se buscaban en un laberinto  de espejos que se iban rompiendo según se acercaban el uno al otro.

CONCLUSIÓN

Sofía aparece en medio de un reguero de sangre pero ella se pone a buscar una partida de nacimiento y en vista que tiene un borroso punto de vista de su autoestima sólo vio la manera de escapar, follando (no puedo decir que haciendo el amor) a sus obstáculos, casualmente del género contrario.
Cuando llegué a la sección de “Buscando un marido”, ya le estaba dando la razón a Carlos Zanón en su artículo del sábado pasado, (21 de Febrero, EL País) refiriéndose al libro de Lemaitre, EL TRAJE DE NOVIA, como “Norman Bates del todo a cien”.
Puedo decir que el ámbito de la novela negra en las que suelo quedarme, no precisamente por su limpieza, es un lugar en la que los hechos son posibles, creíbles, casi reales.
Por lo tanto, la introducción de forma apresurada de textos de periódicos, de llamadas telefónicas a última hora para llegar a una conclusión por parte del lector acerca de por qué esa mujer se la ha pasado matando gente,  o por qué  su marido la odia o cualquier otra cosa, no me convence, acostumbrada como estoy al género policíaco como un mundo tenebroso, oscuro, difícil pero real.

LUZ MARIA CABRALES, es escritora y guionista.

Vestido de novia / Pierre Lemaitre ; traducción de María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego.-- 2ª ed.-- Tres Cantos, Madrid : Alfaguara, 2014.  291 p. ; 24 cm.-- (Negra)

Imagen: Leticia Dolera, del film REC